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Maus Ii 2 - Art Spiegelman

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Maus. Historia de un sobreviviente Art Spiegelman (guión y dibujos) Tomo I: Mi padre sangra historia (Mediados de la década de 1930 / Invierno de 1944). Tomo II: Y aquí comenzaron mis problemas (De Mauschwitz a los Catskills y más allá). Traducción de César Aira. Adaptación tipográfica: Laura Targhetta. Buenos Aires, Emecé Editores, 1994. (1) Portad Portad "Es indudable que los judíos son una raza, pero no son humanos." Art Spiegelman presenta esta frase de Adolf Hitler a manera de epígrafe del primer tomo de Maus y sobre ella parece desenvolverse buena parte de la estructura de un relato que es el relato del holocausto, el relato de un sobreviviente ("Historia de un sobreviviente" es el subtítulo del libro) y el relato de la difícil relación entre un padre y su hijo. Maus es una historieta autobiográfica con dos personajes protagónicos: Vladek Spiegelman, padre de Art, judío polaco que sobrevivió a los campos de concentración nazi y el propio Art, que presenta al lector no solamente la historia de su padre durante los años de la guerra sino también su propia historia. Para entrelazar ambos relatos, Spiegelman cuenta al lector el proceso de creación de la tira. Se presentan dos narraciones, en dos tiempos distintos. Art visita a su padre varias veces con el fin de escuchar de él el relato de los sucesos que vivió durante la guerra y publicar un libro. Vladek piensa que a nadie pueden interesarle sus historias pero de todos modos va contando las atrocidades a las que fueron sometidos millones de judíos por el régimen nazi. "El Ratón Mickey es el ideal más miserable que jamás haya habido... Las emociones sanas le indican a cualquier joven independiente y muchacha honorable que esa sabandija inmunda, el mayor portador de bacterias en el reino animal, no puede ser un tipo ideal de personaje... ¡Fuera la brutalización judía del pueblo! ¡Abajo el Ratón Mickey! ¡Usemos la cruz esvástica!" (Artículo periodístico, Alemania, alrededor de 1935. Epígrafe al tomo II de Maus.) Ya que no humanos, los judíos son presentados como ratones y, consecuentemente, los alemanes como gatos. Todos son animales en el horrible marco de la guerra: los polacos son cerdos; los estadounidenses, perros; los franceses, sapos; los suecos, ciervos. Pero también el relato de los hechos ocurridos con posterioridad a la guerra nos sigue mostrando un mundo de animales, con una sola excepción: el momento en que Art es asediado por quienes quieren convertir el éxito de la primera parte de Maus (corre ya el año 1987) en una gigantesca maquinaria comercial. Entonces él se va achicando en su silla de trabajo, se siente un niño indefenso y visita a su psicoanalista. En este breve fragmento de la historia, Art y su analista (también judío, también sobreviviente) no son ratones sino humanos con máscaras de ratones. Vladek es extremadamente avaro, obsesivo, especulador. Cuando conoce a Anja, en la Polonia de preguerra y descubre que tomaba medicación, piensa que no le "convendría" casarse con una persona enferma. Ahorra en fósforos, junta trozos de cables de la calle, devuelve alimentos usados en el supermercado y fuerza a una vida de privaciones a su segunda mujer, Mala, en presencia de la cual, no tiene escrúpulos para establecer comparaciones con Anja, en las cuales siempre sale perdiendo aquélla. Es racista, desprecia a los negros. Si durante el relato de los días de la guerra, podemos admirar a un Vladek solidario, fuerte e inteligente para la supervivencia, luego, en cambio, no se puede sino sentir desprecio por un hombre que no parece pensar más que en sí mismo. Aunque podría suponerse que este último Vladek es el resultado de su experiencia en los campos de concentración, Spiegelman nos muestra a un padre especulativo ya antes de la guerra y luego afirma que no todos los sobrevivientes son como él. Sin embargo, la experiencia de la Europa de los 40 ha dejado sus huellas: "en ciertos aspectos no sobrevivió", dice Art a su esposa. De algún modo, al autor también le ha costado sobrevivir y Maus pareciera ser en parte un conjuro o un intento por aliviar la carga. En una historieta anterior, "Prisionero en el planeta infierno" —incluida a la manera de un fascímil en el tomo I de Maus—, Spiegelman contaba los episodios del suicidio de su madre, ocurrido en 1968, poco después de una internación de Art en un instituto psiquiátrico. Allí deja en claro el tremendo sentimiento de culpa por su muerte y la ira que siente hacia ella, pero también nos muestra la figura debilitada de un padre que pretende ser consolado por su hijo. Siente culpa también cuando le confiesa a su mujer que "...de algún modo deseaba haber estado en Auschwitz con mis padres, para saber lo que habían vivido." (...) "Culpa por haber tenido una vida más fácil que la de ellos." Vladek y Anja han tenido un hijo, Richieu, en los años anteriores a la guerra. En algún momento, tratando de protegerlo, lo entregan a unos parientes, quienes luego serán asesinados y con ellos, el niño. La sombra de ese hermano muerto aparece varias veces en la tira. Tanto, que en el final, Vladek, desde su cama de hospital, lo confunde con Art: "Estoy tan cansado de hablar, Richieu. Basta de historias por hoy." Maus "es un libro importante, le interesará a gente que no lee historietas"; tal lo que dice Mala cuando ve los primeros bocetos que Art muestra a ella y su padre. Yo agregaría que se trata de un libro que cuenta con una gama de atractivos suficientes para despertar el interés de cualquier lector, y especialmente el lector juvenil: el tema siempre presente de la guerra y el genocidio, la dificultad que presenta la relación padre-hijo, los sentimientos de ira y culpa ante la pérdida de los seres queridos y los procedimientos narrativos que Spiegelman utiliza. En este sentido, los recursos propios de la historieta son explotados al máximo. El dibujo no ilustra al texto, narra. Ficción y realidad son permanentemente puestos en crisis (2); "ves... en la vida real nunca me hubieras dejado hablar tanto sin interrumpirme", dice Art a su mujer. Autor, narrador y protagonistas se entremezclan libremente, como recordando al lector que se trata de una obra de ficción, pero que también se trata de algo real, algo que ocurrió, que dejó marcas y que, de un modo u otro, sigue ocurriendo.

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